los huaraches viejos y viajeros


Ahí casi olvidados en el interior de una caja envuelta en papel, como si el tiempo mismo se hubiese detenido desde que dejaron de usarse, ahí estaban ese par de huaraches, los primeros que vi, y que no eran de una tienda o un puesto de tianguis.

¿Cuánta historia tienen en sus suelas? Pregunte al abuelo aquel día, ¿A dónde caminaste con ellos?, el gran tatita sonrió, tantos lados m´ìjo, que mencionar los que mi mala memoria ahora diría seria un error.

-Pero algunos que recuerdes, anda “agüe” dime, que algún día yo también voy a caminar por ahí pa` decir que anduve `onde el “agüe” anduvo.

El viejito me miro con dulzura como pensando, -Ah que chamaco este tan persistente- y luego de quedarse callado un momento como evocando en milésimas de segundo cada lugar que pudo recordar, se volvió a mi, y me dijo.

Pos a decir verdad, a donde quieras pensar que fui, ahí estuve, casi cada lugar que te he platicado, ahí me acompañaron, ahí estuvieron conmigo, ahí pasaron sobre agua, sobre arena, sobre piedra, ahí estuvieron en el frío y en el calor, ahí estuvieron conmigo, y conmigo se irán el día que muera.

Yo lo veía mientras lo escuchaba con esa mirada que tienen los niños, cuando escuchan contar los cuentos, esperando las aventuras, pero no hubo tal, el “agüe”, me contó que esos huarachitos, no eran de el, sino que eran un recuerdo de su tata, y que no los uso nunca porque le recordaban que su tata caminaba junto a el.

Viendo mi mirada de desencanto de no escuchar aquellas proezas de viajero, y que solo eran un recuerdo del abuelo de mi tata, continuo- Pero m´ijo, el hecho que Yo no los use, no quiere decir que no tengan su cuento y su magia, hasta un poco de leyenda, porque si bien ellos no se usaron para caminar, si acompañaron muchos viajes con otros huaraches que use.
Conforme narraba sus aventuras con esos huaraches compañeros, yo me ponía cada vez mas a gusto a sus palabras, escuche del viaje del águila a través de la faldas de serpientes, por ahí donde antes el gran gigante con nombre que indica humildad en su accionar, había cruzado con los líquidos conocimientos guiando a los que tenían la esperanza en encontrar ese lugar lleno de corazones.

Oi, como los soles humanos, nacieron y murieron por la poca voluntad de los que los vivieron, con la boca abierta los ojos mas grandes que el tecolote de mi nombre, escuche al gran hombre que me contaba las historias, me maraville con la hazaña de los hermanos mágicos, que combatieron la oscuridad en la mañana, y la luz por la noche, para que el balance nunca se terminara.

Reviví en las palabras oídas, la construcción de lugares donde hombres se convierten en energía suprema en destellos de creación y creatividad, aprendí que las piedras hablan aunque no tengan letras y que no todo lo que se escucha es verdad aunque alguien diga que así sea.

Supe que la gente no amaba cosas inexistentes pero respetaba lo que muchos dicen que no puede verse, tal como sentir un viento incoloro, o percibir el sol sin verlo directamente, supe que amar lo que se ama, no es nada que deba avergonzar a quien siente este sentimiento, porque la vergüenza esta en el que la predica, no en el que simplemente vive como debe vivir.

Aprendí que el humano no es omnipotente, pero tiene la responsabilidad de serlo, que su conocimiento debe usarse para que otros tengan algo que les aproveche, y no que les destruuya la existencia, pero mas que nada que se es humano, cuando no haces diferencia por lo que se ve a simple vista, sino que buscas la igualdad profunda como la sangre que corre en tus venas y arterias.

Las horas pasaron, no se cuantas, a mi se me hicieron pocas como cada vez que aquel viejito lindo, se sentaba en el portal de la casa a esperar la caída del sol en el lejano cerro a su espalda, y que a su lado, me quedaba platicando, pero esta vez, cerca de su cama, en su cuarto, el tiempo se hizo cortito, tan cortito como lo fue su compañía en esta vida compartida conmigo.

Hoy esos huaraches que no se fueron con el, el día que volvió a ser parte del Moyocoani, son un recuerdo, `pues un día crecí, y recordé sus palabras, fui a un lugar que al gran tata le gustaba recorrer, y ahí los deje, para unirlos a ellos y a el en la eternidad de la existencia, si, llore al hacerlo, porque la grandeza de esos momentos, simplemente no se olvidan, no importa la edad que tienes, sino las palabras dichas en el momento oportuno.

Pero antes de hacerlo compre unos llaveritos de huarache, que tengo muy bien guardados, ¿y saben porque? Porque algún día quizá, algún cone, algún pintontli, vendrá a preguntar sobre los caminos que he recorrido, y le contare la historia de los huaraches del abuelo del abuelo, que no se usaron nunca, pero que fueron a todos esos lugares que hoy son parte de mi andar y que esperare que algún día ese pequeño/a, también tenga el gusto de recorrer.

Tlazocamati, huey Tatzin, nocolli, Yeiyotl

Quiauhcoatl Tlacatecolotl
Calpulli Tlachcocan in Tlazohtla
Malacachcoatl Tenchicahuac Tlamachctilia
Huey Tozoztli 2012 13`tecpatl

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Una respuesta a los huaraches viejos y viajeros

  1. aioria dijo:

    Hermoso…. tus palabras llegan.. Huey Quiauhcoatl Tlacatecolotl… Tlazohkamti!

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