LA voz del coyote, un recuerdo de mi ayer


Hace unas cuatro décadas, (si, ya llovió), en lo que hoy es parte de la selva de concreto y asfalto, existieron milpas llenas de maíz y frijol, grandes carrizales, y zonas que se llenaban de lo que se conoce como maleza.

Caminar por ahí, permitía teniendo cuidad, de disfrutar de una algarabía animal, ruidos incesantes de grillos, chicharras, volar constante de mariposas, abejas, mariquitas, mocas y mosquitos, el continuo caminar de las hormigas, los escarabajos, así como el deslizarse de los caracoles o el arrastrar de loa gusanos, claro sin olvidar que el cuidado también era hacia nosotros, pues avispas, jicotes, alacranes y arañas, siempre estaban por ahí también.

Pero no era solo un mundo de “bichos” también se podía ver pasar a ardillas y tuzas, zorrillos, armadillos, zorras, correcaminos, lagartijas, serpientes de todo tamaño y en el cielo palomas, torcazas gorriones, urracas y halcones.

No era raro aun ver a los zopilotes dar vueltas en grupos anunciando la muerte de algún ser cuyo trabajo había concluido en este ciclo de vida.

Pero lo que nunca olvidare fue la primera vez que escuche la voz del coyote, ese prolongado sonido que da en las noches que parece empezar lastimero y termino alargándose como queriéndose confundir con la noche.

Y tras escucharla, ver pasar a dos seres ágiles, y cuya mirada me hizo sentir desprotegido hasta que mi abuelo me calmo diciendo que nada pasaba, -el coyote te respeta si tu sabes respetarlo- me dijo.

Y así fue, tras aullar, y vernos desde lejos, como diciendo ¿Qué haces en mi casa?, marcharon ambos en busca de una posibilidad mejor de caza, que la representaban mi abuelo sus dos amigos y Yo.

Pero eso no sucede mas……

En esas zonas tal como digo, hoy es un continuo rechinar de llantas, sonar de claxons, y de voces airadas recordando la familia de otros, o apurando crios a que obedezcan.

La voz del coyote no se escucha mas, no se ve al halcón volar, ni al humilde zopilote, la cacofonía de los insectos ha menguado tanto que a veces pareciera que han desaparecido.

Pero solo hace unos días, volví a escuchar esa voz melancólica que indica la presencia del señor de la noche, solo que tampoco fue cerca de donde la escuche la primera vez.

Para poder escucharla tuve que adentrarme en la sierra, primero viajar en una camioneta, despues andar mas de dos kilómetros a pie, y aun así, solo escuche la voz del cánido, nunca pude ni siquiera distinguir su forma en ninguno de los cerros que nos rodeaban.

Una noche entera, escuche esa voz, en el pórtico de la cabaña a donde llegamos, estuvimos dialogando, tomando unos ponches por el frío normal de la sierra gorda de Querétaro, hasta que de madrugada, entramos a dormir.

Al otro día, al asomarme fuera de la cabaña en que estuve, no me sorprendió ver que todo había sido hurgado, y de pronto pensé ¿Y aquello que dijo mi “ahue” era mentira?
Eso de que el coyote te respeta si lo respetas ¿Era falso?.

Medite un rato al respecto, y entendí la repuesta obvia como la sombra del árbol debajo del cual me guarecí para tomar notas de un alambrado eléctrico.

Lo que dijo el “ahue” no era mentira, es que en la actualidad nos estamos volviendo tan engreídos que hemos dejado de respetar el mundo natural, al grado que muchas veces la inconciencia de los “empresarios” da como justificación que “el progreso tiene su precio”

Puede ser cierto, pero hice sin querer una comparación entre esos coyotes y los que nos sentimos aun con el sentimiento de ser un pueblo sometido por invasores, y me di cuenta, que hacemos lo mismo que aquello de lo que tanto nos quejamos a veces.

Nuestra poca elegancia en la manera de compartir el mundo, al cual consideramos una propiedad, sin sospechar siquiera que cuando lo decida la madrecita tierra con todo y nuestra tecnología, no seremos para ella mas que como y perdón por la comparativa, una “mugre” que quitará a su manera y que si bien nos va, algunos podrán sobrevivir.

En menos de cinco años nos ha mostrado que si le da comezón por nuestro continuo y fastidioso picoteo, nos puede hacer ver nuestra suerte, pero los humanos que como alarmista somos la maravilla sobre todo si es un desastre como el de Indonesia, lejos de aprender volvemos una y otra vez a realizar la misma tontería.

El coyote y los demás animales no lo pidieron, y sin embargo con nuestra inconciencia, los estamos llevando a extinguirse, “ en bien del progreso”.

Una pena absoluta…y que pese a verla, entenderla y tal vez en algunos casos hasta condenarla, rara vez hacemos porque sea distinto.

Hoy la voz del coyote no suena mas donde la conocí, pronto tal vez no lo haga en donde la volví a escuchar, y con su voz, miles de otras voces solo perduraran en el sonido frío de una cámara web, de un film de naturalismo.

Y cuando eso suceda sabremos que nuestra voz, la que callo al coyote, pronto dejara de ser oída, al menos con la frecuencia con la que se escucha hoy.

Mediten un poco

Que su sol sea brillante

Anuncios
Esta entrada fue publicada en desde el punto de vista de un chichimeca. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s