la leyebda de amor sobre el acueducto de Queretaro


La historia que se encuentra detras de uno de los acueductos más importantes del mundo, tiene solo una razón de ser: El amor entre un hombre y una mujer. Esta es la historia del Marques de la Villa del Villar del Aguila y una de las monjas capuchinas más hermosas de ese momento llamada Sor Marcela.

Juan Antonio de Urrutia y Arana, Caballero de la Orden de Alcantara. era fuerte y con grandes habilidades para la ingenieria hidráulica. Sor Marcela, sobrina de Paula Guerrero Dávila, era una hermosa dama, de una familia acomodada y capaz de inspirar un gran sentimiento de ayuda al prójimo. El convenio de amor era el siguiente: Construir un acueducto para traer agua a Querétaro a cambio de un amor de entendimiento y lleno de pureza. Hacia 1720, cuando en Querétaro la gente sufria la contaminación de los rios y se empezó a enfermar hasta morir, Juan Antonio de Urrutia y Arana, Marqués de la Villa del Villar del Aguila, quién gozaba de gran riqueza debido a su matrimonio con Paula Guerrero Dávila, decide construir un acueducto para traer agua a la ciudad, y de esta manera mitigar las enfermedades intestinales que sufrian en esos momentos.

Dice la historia que este marqués decidió construirlo por la petición de una monja de la que él estaba

enamorado. Ella se llamaba Sor Marcela, de la orden de las hermanas Capuchinas, del convento de las

Capuchinas de San Jose de Gracia.

Existe la leyenda de amoríos con una monja sobrina de su mujer. Cuenta la leyenda que el Marqués se enamoró de una monja clarisa, la cual por la lealtad a su vocación no acepto relación alguna con él, pidiéndole solamente que construyera el ahora majestuoso Acueducto para conducir el agua a la ciudad y que hiciera también la casa más hermosa de Querétaro, la cual se ha restaurado cuidadosamente descubriendo las pinturas originales decorativas de sus muros.
La historia que se encuentra detrás de uno de los acueductos más importantes del mundo, tiene solo una razón de ser: El amor entre un hombre y una mujer. Esta es la historia del Marques de la Villa del Villar del Aguila y una de las monjas más hermosas de ese momento llamada Sor Marcela.
Juan Antonio de Urrutia y Arana, Caballero de la Orden de Alcántara. Media cerca de 1,90 metros, era fuerte y con grandes habilidades para la ingeniería hidráulica. Sor Marcela, sobrina de Paula Guerrero Dávila, era una hermosa dama, de una familia acomodada y capaz de inspirar un gran sentimiento de ayuda al prójimo.
El convenio de amor era el siguiente: Construir un acueducto para traer agua a Querétaro a cambio de un amor de entendimiento y lleno de pureza.
Hacia 1720, cuando en Querétaro la gente sufría la contaminación de los ríos y se empezó a enfermar hasta morir, Juan Antonio de Urrutia y Arana, Marqués de la Villa del Villar del Aguila, quién gozaba de gran riqueza debido a su matrimonio con Paula Guerrero Dávila, decide construir un acueducto para traer agua a la ciudad, y de esta manera mitigar las enfermedades intestinales que sufrían en esos momentos.
Dice la historia que este marqués decidió construirlo por la petición de una monja de la que él estaba enamorado. Ella se llamaba Sor Marcela, de la orden de las hermanas Capuchinas, del convento de las Capuchinas de San José de Gracia.
El amor entre Sor Marcela y el marqués debió de ser un amor muy fuerte, un amor de entendimiento, era algo muy agradable para la pareja, como para acordar construir tan majestuosa obra arquitectónica.
En el siglo XVIII se le hizo un monumento en la ciudad de Querétaro, consistente en una estatua de piedra, sobre una columna en cuadro y en dos proporciones, en el centro de una alberca, la misma a la que llegó por primera vez el agua del manantial.
Juan Antonio, a la muerte de la esposa de D. Juan Bautista de Luiando y Bermeo Marqués de Salvatierra, fue tutor de su hija.
El Marqués dejó toda su fortuna para obras de beneficio social a muchas comunidades religiosas y a sus servidores, dejó tres legados de $ 5,000 cada uno para sus tres hijas expósitas, Rita, Micaela y Ana Gertrudis, para el caso que fueron religiosas y tres mil se fueron casadas. Después de una vida verdaderamente ejemplar, murió este notable hombre en la ciudad de México el 29 de agosto de 1743. Se cree que sus cenizas reposan en el Convento de Santo Domingo, aunque también pueden estar en San Diego, según dejó dispuesto en su testamento. Le sucede su sobrino

El amor entre Sor Marcela y el marqués debio de ser un amor muy fuerte, un amor de entendimiento, era algo muy agradable para la pareja, como para acordar construir tan majestuosa obra arquitectonica.

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Una respuesta a la leyebda de amor sobre el acueducto de Queretaro

  1. ISSEL dijo:

    POR QUE UN HOMBRE POR AMOR ES CAPAZ DE ESO

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