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Cada vez se acumula más  evidencia sobre el proceso de deshielo que se está produciendo en los casquetes polares. Los últimos indicios de este grave fenómeno provienen de un estudio realizado por el Jet Propulsion Laboratory de la NASA, en California, que acaba de revelar que la Antártida occidental perdió en 2006 una cantidad de hielo un 75% mayor que 10 años antes.
 
Un pedazo del banco de hielo antártico, de 415 km², ha desaparecido debido al calentamiento climático, indicó ayer el Centro Nacional de la Nieve y el Hielo de la Universidad de Colorado (Nsidc, por sus siglas en inglés).

Según imágenes satelitales, esta desintegración, que afecta una área mayor que la de Guayaquil –que tiene una superficie de 344 km²– comenzó el pasado 28 de febrero con el súbito desprendimiento de un iceberg de 25,5 km de largo por 2,4  km de ancho.

El glaciar que desapareció forma parte de la capa de hielo Wilkins, una amplia plataforma de hielo flotante perpetuo que se extiende unos 12.950 km² sobre el océano, pero que ahora está sostenida apenas por una estrecha franja de hielo de 5,6 km, ubicada entre dos islas, explicó  el científico Ted Scambos, del Nsidc.

La capa de hielo Wilkins se había mantenido estable a lo largo del último siglo, pero comenzó a retroceder en  1990. Seis capas de hielo en la misma parte del continente ya desaparecieron, según el Servicio Británico de Mediciones Antárticas (BAS, por sus siglas en inglés).

“Bloque tras bloque de hielo está cayendo y deshaciéndose en el océano (…) Si los hielos siguen retrocediendo, este último refuerzo podría  desintegrarse y probablemente perderíamos la mitad de la plataforma de esta región en los próximos años”, declaró Scambos.

En los últimos 50 años, la parte occidental de la península  antártica registró el mayor aumento de la temperatura en el globo, con un incremento de 0,5ºC cada diez años.

El científico David Vaughan, del BAS, advirtió que “esta capa está pendiendo de un hilo”. Vaughan fue quien predijo en 1993 que el segmento norte de la capa de hielo Wilkins se perdería dentro de 30 años si continuaba el calentamiento global. Pero aclaró que eso está sucediendo más rápido de lo que se esperaba.

Observadores del BAS que sobrevolaron la zona señalaron que “a lo largo de la grieta principal grandes y voluminosos trozos de hielo, del tamaño de casas pequeñas, parecían que los hubieran tirado como si fueran escombros, como si fuera una explosión”.

APUNTES: El océano Antártico

Freno del CO2
El océano Antártico absorbe  el CO2 que emiten industrias, plantas de energía y el transporte, actuando como un freno del cambio climático,  pero ha reducido su eficiencia, afirman científicos.

Regula temperatura
El océano Antártico también es una parte clave del sistema mundial de corrientes oceánicas que cambia la temperatura en todo el planeta y lo hace un actor central del clima del mundo.


Los autores llegaron a estimar una
pérdida, en la Antártida Occidental, de 132.000 millones de toneladas de hielo en 2006, por encima de los 83.000 millones de toneladas de 1996, y una pérdida de unos 60.000 millones de toneladas en 2006 en la península antártica. 4.000 millones de hielo sería suficiente para dar de beber a toda la población del Reino Unido durante un año.

Según los resultados del trabajo, la pérdida de hielo está concentrada en unas salidas estrechas de glaciares en las que existe un flujo rápido de hielo, lo que sugiere la importancia de este flujo glaciar para el equilibrio de la masa de la capa de hielo al completo.

Por otra parte, se especula con la teoría sobre la posibilidad de que el actual cambio climático pueda desencadenar una nueva pequeña edad de hielo popularizada por el prestigioso científico Wallace Broecker, descubridor de la circulación oceánica global y de su influencia sobre el clima. La idea se publicó hace tiempo en la revista ‘Science’ y, muchos investigadores opinan que se puede dar la paradoja de que el calentamiento global produzca una pequeña edad de hielo.


El espesor en los sectores de hielo ártico más antiguo continuó reduciéndose como resultado del aumento de las temperaturas en todo el planeta, según revelaron las últimas fotografías de satélite difundidas por la NASA.

De acuerdo con datos proporcionados por la agencia espacial estadounidense, hasta hace unos años el hielo perenne cubría entre un 50 y un 60 por ciento del Ártico. Este año cubre menos del 30 por ciento.

"La declinación del hielo perenne refleja la tendencia de calentamiento climático a largo plazo y es resultado de un mayor deshielo en el verano y un mayor alejamiento del hielo más antiguo" de la zona polar, dijo la NASA en un comunicado.

Según datos proporcionados por el satélite ICESat de la NASA, el Ártico perdió alrededor de 2,5 millones de kilómetros cuadrados de hielo perenne debido al derretimiento, la mitad entre febrero de 2007 y febrero de 2008 ", señaló en una conferencia de prensa telefónica Walt Meier, del Centro Nacional de Datos sobre el Hielo y la Nieve.

" El mayor espesor es un indicador de la salud durante un largo lapso del hielo, y en este momento (su reducción) no es un buen indicio ", agregó.

Por otra parte, esas mismas imágenes de la NASA indican que el último invierno septentrional, que fue más frío que lo habitual en la zona, produjo un aumento del hielo marino.

Ese hielo nuevo impide que el Ártico sea un de Marzo abierto durante el invierno, pero es frágil y mucho más débil al embate del viento y el aumento de las temperaturas que el que se mantiene inalterable durante muchos años, según los científicos.

Meier señaló que en estos momentos la región más bien parece un escenario de películas en el que se ve un Ártico cubierto de hielo joven.

" Se ve muy hermoso, pero más allá no hay nada. Está el vacío. Lo que se ve es un revestimiento de hielo y nada más", indicó.

En un aparente intento de reducir la alarma, los científicos indicaron que en Groenlandia y la Antártida no aumenta el nivel marino.

No obstante, sí podría contribuir al calentamiento global debido a que el agua, en ausencia de hielo, absorbe la radiación solar.

Según los científicos, la diferencia se debe a que el Ártico es un océano rodeado de tierra en tanto que la Antártida es un continente rodeado por el océano.

Los ciclos de glaciaciones y periodos interglaciares que se han producido durante el Cuaternario, el último millón y medio de años, han estado controlados por tres factores que tienen que ver con la órbita terrestre y que están incluidos en un ciclo llamado de Croll- Milankovitch. Dos de ellos tienen que ver con la inclinación del eje terrestre, pero el que quizá haya tenido mayor importancia es el que se conoce como excentricidad de la órbita. La Tierra no gira alrededor del Sol describiendo siempre la misma órbita. Tiene una oscilación que acerca y aleja nuestro planeta de la radiación solar en ciclos de 100.000 años, los mismos que han pasado entre cada uno de los máximos glaciares a lo largo de la Historia reciente de la Tierra.

Esta época fría comenzó debido al aporte masivo de agua dulce proveniente de un lago formado por el deshielo en el casquete que en aquella época había sobre norteamérica. Esto frenó la corriente termohalina que lleva aguas cálidas a la costa oeste europea y que regresa hacia Canadá después de enfriarse en el Ártico y desencadenó una mini edad de hielo.

Aunque no se tratase de un máximo glacial, sino de una época fría en un periodo de transición hacia uno cálido, durante el Dryas reciente el panorama biológico europeo cambió radicalmente. De hecho, esta pequeña edad de hielo debe su nombre a una flor propia de la tundra llamada ‘Dryas octopelata’ que ocupó durante este periodo las tierras meridionales de Europa.

 
La osa polar ‘Nanu’ y el cachorro de morsa ‘Seela’ son los protagonistas de una historia que habla de supervivencia y también de los acelarados cambios que se están produciendo en la naturaleza. El hielo desaparece de las tierras cercanas al Polo Norte y así lo han constatado los directores del documental ‘Los Reyes del Ártico’, una película que se estrena este viernes en las salas de cine españolas.

El filme, rodado durante 15 largos años en el gélido mundo de los inuit, y gracias a su ayuda, relata la historia de dos familias, con sus momentos de complicidad, sus peleas y sus crisis. Una es la familia de la osa polar ‘Nanu’, desde su nacimiento hasta que se convierte en adulta, y a la vez madre. La otra relata la vida de la morsa ‘Seela’ y su extenso clan.

Ambos están inmersos en un momento de crisis. Tienen que navegar sin tocar tierra durante una larga semana para buscar otras tierras en la que el entorno sea más fácil que en su hogar, cada vez más inhóspito.

El 20% del hielo del Ártico ha desaparecido en las últimas décadas y cada vez resulta más complicado encontrar comida. El calentamiento global, acelerado por las emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera, les está obligando a cambiar sus hábitos de comportamiento en una generación, lo que no resulta nada fácil.

La actriz Belén Rueda, que pone la voz de la versión española, recomendaba el documental a toda la familia. "Es una historia emotiva y menos científica que otros documentales pero sin perder de vista lo que está ocurriendo en esta zona del planeta, una transformación que ha podido vivir el matrimonio que lo ha dirigido", señalaba.

Efectivamente, sobreviendo a temporales de viento y temperaturas por debajo de los 40º centígrados, Adam Ravetch y Sarah Robertson, grabaron más de 800 horas de conmovedor metraje en los que se encontraron con una relación de enfrentamiento constante entre los dos titanes: osos y morsas. Un fenómeno que hace tan sólo unos años era inusual, pero que cada vez es más frecuente.

"Los científicos nos habían dicho que era muy raro que un oso atacara a una morsa, pero nosotros siempre nos los encontrábamos luchando. Entonces, empezamos a darnos cuenta de que tienen muchas cosas en común, porque ambos se dedican en cuerpo y alma a cuidar de sus crías y a enseñarles. Queríamos dar a conocer ese aspecto de estos magníficos animales", ha declarado Robertson.La comunidad científica no pone en duda ni el origen de esta época ni el importante papel de la corriente termohalina en los cambios abruptos que ocurrieron después del último máximo glacial ocurrido hace 18.000 años. Sin embargo, los investigadores consideran imposible que las consecuencias del cambio climático puedan desencadenar una glaciación severa.

Esta posible glaciación puede tardar pero mientras, nosotros o nuestra descendencia, esperamos a que se de  o no,  un “famoso” pesticida podría estar liberándose a causa del deshielo.

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