Cambio de rumbo


Comentaba hace unos días un destacado empresario que apoyó la campaña de Felipe Calderón, que nunca había visto una situación más difícil que la actual. Hay un sentimiento de preocupación que está invadiendo a la sociedad. Ante el crecimiento de la dificultad por la violencia y las expectativas adversas de la economía, no hay una respuesta gubernamental convincente. Antes de que la nave encalle, por sentido común, habría que hacer un movimiento correctivo en el rumbo.

¿Cuáles son los tres errores básicos en la conducción política actual?

El primero: no hay gabinete. Hay funcionarios públicos designados, pero no existe un cuerpo que integre, equilibre, procese y opere. Cuando en la elección oficial Felipe Calderón obtuvo 35% de los votos, se decide a gobernar con un grupo compacto de amigos, por cierto con bajas calificaciones y mínima experiencia en promedio. Ni siquiera ha podido sumar a su partido, menos aún a otras fuerzas que le dieran mayoría o a mexicanos destacados con peso propio.

El segundo: la búsqueda de la popularidad presidencial (medida en las encuestas) se ha impuesto sobre la lógica de los resultados. La política de seguridad es el caso paradigmático. Por una parte, se utilizan los despliegues policiacos como instrumento de legitimación. Por otra, se quiere ocultar el crecimiento de la violencia con spots sobre resultados que desvían la atención de los gobernantes y no convencen a la sociedad.

El tercero: no se sabe qué hacer con la oposición ni con los grupos de interés. En vez de gobernar con la oposición, se es rehén de ésta. Al PRI, con tal de ganar cierta seguridad, se le concede todo, empezando por la protección de todos sus cuadros. A la izquierda que obtuvo una votación sin precedente, se le busca ignorar o cooptar, ante la incapacidad de generar nuevas reglas de relación política. A los grupos de interés se les amenaza, para después entregarles lo principal. A las estructuras clientelares y corporativas se les protege hasta el extremo de la impunidad.

Al final, el resultado es que no hay eficacia ni se construye legitimidad. El mayor problema no es la gravedad de los hechos, sino que no se crea que puedan tener solución. Ese es el problema más grave. De ahí la desazón de algunos y el desquiciamiento de otros. Como no se ve solución, se empiezan a escalar las apuestas irresponsables.

Felipe Calderón no puede pretender gobernar encerrado en un grupo compacto sin experiencia y por lo tanto propenso a la ira o al temor. Sin siquiera tener que dar la cara al Congreso. Con spots amañados y dispendiosos. Sin capacidad para anticipar problemas previsibles. Sin reflejos políticos para reaccionar conforme a las nuevas circunstancias. A la oposición tampoco le conviene que se desfonde el gobierno: la izquierda no tiene posibilidad alguna de ocupar el vacío; el PRI no tendría manera de gobernar si se acelera la descomposición. Por sentido común, a todos conviene facilitar un cambio de rumbo.

Miembro de la Dirección Política del Frente Amplio Progresista

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