LA seguridad y el narco parte 3


El Presidente de la República se suma…“a un justo reclamo de miles y miles de ciudadanos…indignados de la delincuencia e impunidad… que nos exige a todas las autoridades a que nos coordinemos para dar resultados, generar justicia y seguridad elemental a los mexicanos”
El Procurador General de la República llama…“a sus homólogos – los procuradores estatales – a hacer un diagnóstico claro de la forma en que se presenta el delito y a no confundirse en su expresión actual, ya que de ello depende también el éxito de su combate”
El Secretario de Gobernación invita…a todos los niveles de gobierno a suscribir el acuerdo nacional por la legalidad y la seguridad presentado por el Presidente Calderón en febrero pasado, que ahora sí que irá más allá de “buenas intenciones, ya que debe contener compromisos concretos, al tiempo que demandó “respetuosamente” que los gobiernos estatales y municipales confieran la más alta prioridad al combate al secuestro.
El presidente de la Suprema Corte de Justicia identifica…algunas de las fallas en los poderes Legislativo y Ejecutivo, por la falta de leyes claras y por los escasos resultados en la detención de los delincuentes y la mala integración de los expedientes por parte de los ministerios públicos en lo que respecta al combate al crimen.
El jefe de gobierno del Distrito Federal apoya…a los ciudadanos que están convocando a la marcha contra la delincuencia y la inseguridad.
Y mientras tanto…
…más de 2,500 ejecuciones solo en el 2008, sobrepasando el número de ejecuciones en todo el 2007
…se han registrado por denuncia unos 400 secuestros en lo que va del 2008 (más los que no se han denunciado: por cada denunciado hay ocho que no lo son)
…las pérdidas económicas derivadas solamente por robos en un año equivalen a 80 mil millones de pesos
…y, sin embargo, solo 1.2% de los criminales llegan a ser sentenciados
La delicuencia no es un problema sin solución, pero necesariamente tenemos que pasar de las declaraciones sin sentido a las acciones concretas.
 
En los primeros seis meses del año en curso se han registrado 1785 ejecuciones, 79% de las que se registraron en total el año pasado. Si continúa esta tendencia y el promedio de ejecuciones por día se mantiene igual, al final de este año podríamos llegar a ver más de 3500 ejecuciones, un incremento de más del 50% del total de las ejecuciones del 2007 (2,268).
Los números también muestran que los ‘focos rojos’, es decir, los estados en donde se han registrado más de 100 muertes este año, están en Chihuahua, Sinaloa, Baja California, Estado de México y Guerrero. Mientras que estados como Chihuahua y el Estado de México se han triplicado las ejecuciones registradas desde el 2006, estados como Michoacán han registrado importantes disminuciones y estados como Sinaloa, Baja California y Guerrero se han mantenido en el centro del combate.
Estas seis localidades concentran poco más de la mitad de las ejecuciones del país. El resto de las ejecuciones ocurren en los demás estados de la federación. Este fenómeno es interesante, ya que la percepción reflejada por los medios parece indicar que la violencia relacionada al narcotráfico nos está rebasando por todas partes.
¿Cuántos policías o efectivos militares se encuentran desplegados en estos estados versus el resto del país? Será tema para una próxima entrada.
Desde el momento que el gobierno de Felipe Calderón decidió implementar una estrategia ofensiva contra el narcotráfico en México, se cuestionó la entrada el Ejército en este combate y se generaron expectativas encontradas sobre los alcances y consecuencias de esta medida.
Hoy México vive una escalada de violencia ligada el narcotráfico sin precedentes, que vulnera la seguridad pública y genera miedo e incertidumbre entre grandes sectores de la población. Si esta violencia desmedida fue un efecto indeseable de la estrategia adoptada el costo es, sin duda, enorme para la paz social. Pero no queda duda de la necesidad de que el gobierno se enfrentara de una vez por todas a un fenómeno que desafiaba su autoridad sobre las instituciones, los espacios públicos y la ciudadanía.
La efectividad de esta medida es incierta y dependerá enteramente de la instrumentación de una estrategia integral que incluya la participación y renovación del gobierno federal, estatal y municipal, así como sus respectivas policías, pasando por la clase política, los empresarios y los ciudadanos. Mientras eso sucede, otra guerra se juega en el terreno de las percepciones ciudadanas respecto de la lucha “Estado vs. narco”. Las últimas encuestas publicadas por Ipsos-Bimsa/El Universal, Reforma y Parametría muestran a la mayoría de la población inclinada a pensar que el narco está rebasando al gobierno mexicano en esta tarea (56%, 53% y 53% respectivamente). Una gran labor es lograr invertir estas percepciones.
 
Hace unas semanas las autoridades anunciaron y celebraron el mayor decomiso de droga de la historia del país: 23.5 toneladas de cocaína en un embarque en el puerto de Manzanillo. Al parecer, el decomiso realizado en Manzanillo impuso también un record a nivel mundial. Sin duda, un gran resultado mediático, nacional e internacional, para el gobierno de Felipe Calderón.
El acontecimiento puede utilizarse como argumento para justificar el polémico despliegue militar que el presidente ha llevado a cabo desde comienzos de su administración. Pero los saldos de la guerra contra el narco no están tan claros.  La razón es que conocemos la historia  de los decomisos pero no el volumen del tráfico de cocaína en nuestro país. No sabemos pues, si este decomiso histórico es producto de la guerra contra el narco que ha emprendido gobierno o una consecuencia de que cada vez se está traficando más cocaina. Si, por ejemplo, siempre se suele decomisar el 10% del tráfico de cocaína, al aumentar el tráfico es natural que aumenten los decomisos. Así el 48.2 de toneladas decomisadas en lo que va del año no nos dice si la inversión que se ha realizado en el combate a las drogas ha sido más, menos o igual de eficiente que la que se había estado realizando en sexenios anteriores.
Por otra parte, se trata de una cantidad de cocaína muy grande en un sólo cargamento. Y esto podría llevar a las siguientes preguntas ¿En que contexto se decide enviar un cargamento de este tipo? ¿En uno en donde el gobierno está ganando la batalla contra el narco? ¿O en uno en donde la está perdiendo?
 
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