herbolaria en los mercados tradicionales


El conocimiento y utilización de las plantas por las sociedades humanas tiene una larga e interesante historia, reconociéndose que desde siempre los vegetales satisfacen muy diversas necesidades y una de ellas es la recuperación y el mantenimiento de la salud.

En México, esta historia es milenaria y se remonta a los tiempos en que dominaban los grupos humanos, que organizados en bandas nómadas o seminómadas recorrían el territorio buscando cobijo temporal en cuevas y sustento en la práctica de la caza, la pesca y la recolección de plantas silvestres. Estos grupos, grandes conocedores de las posibilidades alimenticias y propiedades curativas de la flora silvestre, heredaron toda su sabiduría a los pueblos agrícolas, origen de las diversas culturas del México antiguo. Las sociedades prehispánicas creadoras de grandes ciudades y centros ceremoniales, de una economía, una organización social y una religión complejas desarrollaron una tecnología capaz de lograr la supervivencia y el crecimiento de la población. El aprovechamiento de los recursos naturales -vegetales, animales y minerales-, para la salud incluía, además de tratamientos curativos, prácticas de higiene, cuidados y embellecimiento del cuerpo humano.

Por otra parte, la medicina prehispánica estuvo íntimamente vinculada a la religión y a la magia, de manera que los pueblos mesoamericanos asociaron e identificaron cualidades y poderes de plantas, animales y elementos de la naturaleza a los de sus divinidades. En la actualidad existen amplios sectores sociales interesados en las plantas medicinales, entre ellos se cuentan desde quienes tienen un interés meramente pragmático hasta los estudiosos e investigadores de un alto nivel de especialización en los distintos ámbitos del conocimiento desde donde se puede uno acercar a este objeto de estudio. Uno de éstos es la etnobotánica, ciencia que aborda las relaciones históricas entre las sociedades humanas y el entorno vegetal bajo un enfoque de investigación multidisciplinaria, y que en México ha desarrollado estudios referidos a plantas medicinales, comestibles, de ornato, para la construcción, místico-religiosas; los sistemas agrosilvícolas y huertos; domesticación y agricultura tradicional, de carácter histórico y en un nivel aún incipiente, los estudios sobre mercados.

El mercado como el espacio establecido en un sitio de las ciudades, colonias, municipios, poblados y rancherías donde se recurre para la compra venta de satisfactores y brindar servicios, tiene también una muy antigua historia.

El comercio para las culturas prehispánicas fue una actividad económica de la mayor importancia, desarrollado por la mayoría de los pueblos, en sus distintos niveles -local o interregional-, fortaleció su economía, promovió el intercambio de conocimientos y propició difusión de rasgos culturales entre las diversas comunidades.

Entre los mexicas, cultura de la que mayor información tenemos,el tianguis(del náhuatl,tianguiztli)era el espacio donde se reunían un día a la semana 1os productores de sitios aledaños al lugar del establecimiento físico, para vender, comprar e intercambiar sus muy diversos productos. En el mercado se establecían los comerciantes que además de suministrar los productos propios de la región, traían de sus largos viajes exóticos frutos, ricas plumas y pieles de animales, cerámicas e instrumentos líticos de lujo y ceremoniales, piezas de joyería y por supuesto hierbas medicinales.

Mucho admiraron los conquistadores españoles los mercados mexicanos, así lo demuestra la relación hecha por Hernán Cortés cuando escribió en su Segunda Carta dirigida a Carlos V el 30 de octubre de 1520:

Tiene esta ciudad muchas plazas donde hay continuo mercado y trato de comprar y vender. Tíene otra plaza tan grande como dos veces la ciudad de Salamanca, toda cercada de portales alrededor, donde hay cotidianamente arriba de sesenta mil ánimas comprando y vendiendo; donde hay todos géneros de mercadurías que en estas tierras se hallan, así de mantenimientos como de vituallas, joyas de oro, de plata…

Luego detalla una larga lista de los productos ahí ofrecidos, minerales, animales y vegetales, para más adelante relatar:

Hay calle de herbolarios, donde hay todas las raíces y hierbas medicinales que en la tierra se hallan. Hay casas como de boticarios donde se venden las medicinas hechas, así potables como ungüentos y emplastos.

El mercado de Tlatelolco, el mayor de los que encontraron los españoles fue descrito por varios de los cronistas -el soldado Bernal Díaz y los frailes Diego de Durán y Bernardino de Sahagún- con prolijo detalle, demostrando su fascinación y asombro.

Muchas transformaciones sufrieron el mercado y el tianguis durante la época Colonial, sin embargo sobrevivieron y persistieron a través de estos siglos adaptándose a otras normas, incorporando nuevas maneras y nuevos productos.

La medicina indígena tan ligada a la religión sufrió cambios y aún mutilaciones pues el uso de algunos productos vegetales a los que se otorgaba un sentido mágico religioso en la época anterior fue prohibido o restringido, y en algunos casos perseguido pues se consideraba parte de las prácticas que los evangelizadores españoles tenían por heréticas.

Con el correr de los años y hasta épocas muy recientes se ha venido designando como mercado al lugar permanente, con edificaciones casi siempre estables donde se pueden adquirir los satisfactores para la vida cotidiana familiar, mientras el vocablo tianguis se ha mantenido para aquellas vendimias semanales que se realizan rotativamente en un día predeterminado en poblaciones, barrios o colonias. En la actualidad estos lugares han sufrido los embates de la modernidad y el predominio de la culturaoccidental yhan ido perdiendo gradualmente sus escencias originales.

Por fortuna han ido surgiendo otrosespaciosque son los mercados tradicionales populares, que guardan una rica y abigarrada tradición. Son lugares físicos fijos o temporales en donde se da una fuerte articulación entre las esferas económica, social y cultural, pero también la política y la religiosa generando un rico y colorido lugar de convivencia humana, por excelencia.

Es sorprendente la gran cantidad y amplia distribución de los mercados tradicionales en nuestro país, así como su muy diversa composición e historia y en ellos es indiscutible que los recursos vegetales, entre los de uso medicinal, constituyen uno de los elementos claves, cuya presencia se da, invariablemente a lo largo de todo el año. En cuanto a la diversidad, México con sus 26, 000 especies, aproximadamente, es uno de los países de mayor riqueza en el mundo, en su inventario están representadas prácticamente todos los tipos de vegetación conocidos y su aporte a la herbolaria se calcula -muy conservadoramente- en más de 5,000 especies vegetales con uso medicinal.

A la abundancia mencionada se agrega la incorporación permanente de nuevas plantas medicinales nativas o introducidas, tanto silvestres como cultivadas; de modo que al incrementarse el acervo de la herbolaria mexicana se observa un fortalecimiento de la medicina tradicional que además de contener en su esquema cognoscitivo a la herbolaria, sigue incluyendo a los animales y los minerales medicinales, así como las prácticas terapéuticas.

El universo de la herbolaria mexicana es infinito. En cada una de las regiones de nuestro país es posible encontrar en los mercados un área donde se conjuntan los puestos especializados en estos productos. Los lugareños son desde luego los clientes habituales que acuden en busca de la sabiduría de los curanderos y conocedores de las virtudes de las plantas y otros elementos que habrán de devolverles la salud, pero los estudiosos de la etnobotánica y aún los viajantes interesados en penetrar en algunos aspectos sustantivos de nuestras culturas habrán de encontrar sorpresas, vivencias y conocimientos sin cuento.

Alrededor de las prácticas médicas preventivas y temporales que nacen en los mercados tradicionales se teje una red que lleva desde la percepción local del concepto salud enfermedad -recordemos que así como los alimentos, los males suelen clasificarse en fríos y calientes-, el origen físico o espiritual que causan las patologías, la diversidad de formas de utilización de los vegetales y hasta los rituales posibles que deben acompañar la aplicación de los remedios. De esa manera cada uno de los mercados tradicionales, cada puesto de herbolaria, cada uno de los sabios empíricos que la manejan resultan a lo largo y ancho del territorio mexicano una aventura digna de vivirse. Pero es indiscutible que junto a la riqueza imponderable que encontramos en Chiapas, Oaxaca, Puebla, Tlaxcala, Michoacán, Veracruz, Yucatán o Guerrero no podemos negar que hay un mercado que parece conjuntar la producción y la sabiduría nacional: el Mercado de Sonora sitio en la Ciudad de México, aledaño al viejo y señero centro de abastecimiento de la Merced.

Herbolarios y curanderos, y hasta brujos y resabios de shamanes se asientan ahí al lado de sus costales y cajas de donde habrán de salir las hierbas maravillosas, los amuletos y componentes que habrán de curar no sólo los males físicos sino los padecimiento espirituales y las desazones amorosas. igual se hallan las flores de arnica, las semillas de zopilopachtli, el anís estrella que los ajos machos que dan la buena suerte, los chupamirtos para atraer al ser amado que las veladoras que usan santeros y otros magos de la bienaventuranza.

Sobre el tema de la herbolaria es satisfactorio señalar que en México existen instituciones con una larga tradición que coadyuvan con sus investigaciones a conocer cada vez mejor este universo del conocimiento, como por ejemplo el Herbario Medicinal del Instituto Mexicano del Seguro Social, el Botánico de Plantas Medicinales "Maximino Martínez” de la Universidad; el Programa de Flora Medicinal México del Instituto Nacional Indigenista; el Museo y jardín Etnobotánico de Medicina Tradicional Herbolaria del Estado de Morelos; y el jardín Botánico Universitario de la Universidad Autónoma de Tlaxcala.

En este sentido, si unimos el aspecto cultural -los mercados tradicionales populares- y el aspecto biológico y ecológico -la enorme cantidad de plantas medicinales- nos da como resultado el mantenimiento y revalorización del saber botánico tradicional del cual son depositarios los indígenas y campesinos, sin pasar por alto que todas las comunidades rurales y conurbadas, están sufriendo graves trastornos en sus organizaciones culturales, productivas y sociales no obstante hechos como el sucedido en mayo de 1978 en donde vía una resolución de la XXXI Asamblea General de la Organización Mundial de la Salud, se determinó el inicio de un gran programa mundial con el fin de evaluar y utilizar a la herbolaria y en general a la medicina popular, como instrumentos para contrarrestar los graves problemas de salud a nivel mundial; para que esto deje de ser una verdad a medias, se hace necesario que se financien y auspicien un mayor número de exploraciones etnobotánicas en los miles de mercados tradicionales que hoy se mantienen en todos los espacios rurales y semiurbanos del país y de esta manera conoceremos más sobre la herbolaria mexicana provocando con esto también, profundizar en el conocimiento y manejo tradicional de las plantas medicinales y así incrementar en corto plazo, estas 5,000 especies estimadas hoy en día. Todo esto encierra una investigación etnobotánica acerca de la relación mercados tradicionales populares y herbolaria.

Finalmente señalamos, que sin lugar a dudas para todos los lectores, siempre resultara una emocionante y aleccionadora actividad, el frecuentar y recorrer un mercado tradicional popular en cualquier rincón de México, y muy seguramente ampliarán sus conocimientos sobre la herbolaria y porqué no, "descubrir sobre su propia herbolaria" en esos mercados tradicionales populares que sobrevivirán a pesar de los supermercados y de la modernidad.

original de

Juan Manuel Rodríguez Chávez y Armando Gómez Campos

http://www.mexicodesconocido.com.mx/notas/3729-La-herbolaria-en-los-mercados-tradicionales

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