el arte maya


El hombre maya, como otros hombres mesoamericanos, interpretó la creación artística como aquello que lo asemejaba a los dioses, y así repitió la ordenación del cosmos, hecha por los dioses en el tiempo primordial, creando espacios sagrados en la tierra que imitaban el universo.

Los espacios ceremoniales de las grandes ciudades fueron construidos como microcosmos, con sus cuatro rumbos y su axis mundi desde donde se lograba la comunicación con las fuerzas sagradas de arriba y de abajo, es decir, del cielo y el inframundo, y que simbolizaba a la vez el sitio donde se originó el cosmos, el lugar primigenio de la creación. 

En estos espacios se realizaban ritos para revivir periódicamente el acontecimiento primigenio, como una forma de revitalizar el cosmos.

Arquitectura Maya

En los rumbos arquitectónico, los mayas no siguieron rígidos cánones estéticos, como otros pueblos antiguos, sino que, respondiendo a la autonomía política de las ciudades-estado, que incluían grupos de sitios dependientes de ellas, y con una gran libertad creadora, desarrollaron varios estilos distintos. 

Más allá de los diferentes estilos, la arquitectura maya se caracteriza por la construcción de edificios de mampostería con bóvedas y recubiertos de estuco y de piedras bien pulidas. Los principales edificios se ubican en los espacios ceremoniales: templos sobre basamentos piramidales, palacios, adoratorios, baños de vapor, calzadas pavimentadas y canchas para el juego de pelota. 

Existen innumerables casas habitación, mercados y otros edificios que tal vez se destinaron a funciones administrativas y a la enseñanza de algunos oficios vinculados con el culto. Las construcciones habitacionales son de varios tipos. 

Los "palacios" donde vivían las familias gobernantes, lugares equipados con sistemas de aprovisionamiento de agua y drenajes, hasta las más sencillas; casas de varas y lodo para la gente del pueblo. 

La decoración de los edificios se realizó en estuco y en mosaico de piedra y fue muy variada; ante todo se adornaron los frisos, parte externa de las bóvedas. La mayoría de los templos y palacios se complementaban con pinturas murales y con lápidas o paneles de piedra esculpidos que se colocaban sobre los muros.  

Las construcciones principales delimitaban patios o plazas, aprovechando la topografía del lugar, y se adaptaban a las trayectorias astrales, fundamentalmente a la del Sol, por lo que los edificios se orientaban a los puntos cardinales (a veces con una variación de más o menos 10 grados).

Los lugares elegidos para edificar las ciudades, tenían cualidades prácticas, como la cercanía a ríos y campos de cultivo, y a protecciones naturales para la autodefensa. Contaban con características geográficas que ellos consideraban sagradas, por ejemplo, una gran montaña o alguna otra manifestación especial del poder divino. 

Para los mayas esos espacios sagrados eran los adecuados para comunicarse con los dioses. Si ellos ya se habían manifestado ahí, continuarían haciéndolo para que el hombre los venerara. El constante uso ritual de templos y plazas acumulaba la sacralidad, por lo que cuando era necesario renovar las construcciones religiosas, se edificaba sobre los edificios ya existentes. 

En donde se añadían niveles sobre las plazas para conservar las energías sagradas y facilitar el acceso a los dioses habituados a penetrar en esos espacios durante los ritos. En la mayoría de los centros ceremoniales existían múltiples estructuras superpuestas.

Los basamentos para templos, a veces se elevaban a una gran altura para propiciar la comunicación con las deidades celestes y reproducir las montañas sagradas que simbolizaban el nivel celeste, en cuyo más alto estrato residía la deidad creadora. Así, la arquitectura buscó una armonía con el cosmos íntegro, porque el hombre no se concibió desvinculado de los astros y de la naturaleza.

}Escultura y Pintura

En las grandes ciudades-estado se realizaron excepcionales creaciones escultóricas y pictóricas, ligadas esencialmente con las creencias religiosas y con el poder de los gobernantes y sus linajes. 

Las principales obras escultóricas son estelas (bloques de piedra aislados) y paneles o lápidas que se integraban a las construcciones. 

En el área central, la escultura maya se caracteriza por el uso de formas suaves y ondulantes y por la representación realista o estilizada de la figura humana, vital y expresiva.

En el área norte, se encontraron formas geométricas diversas que simbolizaban seres divinos, humanos y naturales. Uno de los motivos principales fue la serpiente, asociada a los dioses más importantes y a los niveles cósmicos; encarnación de los grandes contrarios del cosmos. 

El arte pictórico, se manifestó principalmente en murales y en cerámica, destacando las escenas narrativas, en donde se emplearon diversas técnicas. 

Una de las obras maestras de la pintura maya, y mesoamericana en general es el Templo de las Pinturas de la Ciudad de Bonampak. 

El arte escultórico y pictórico de los mayas no era un lujo o un adorno de templos, sepulturas y palacios. Tampoco se puede considerar un mero reflejo de ideas religiosas, sociales o políticas, para comunicarlas al pueblo, pues algunas obras tuvieron también un sentido mágico-religioso, con una finalidad práctica. 

Se pensaba que los dioses y los antepasados adquirían una naturaleza sagrada, al morir. Posteriormente encarnaban en imágenes durante los rituales y eran el recipiente de las energías divinas durante los ritos, a través de los cuales recibían el alimento indispensable para su existencia.

Las obras plásticas tenían la finalidad de mostrar al pueblo el poder de los dioses y de los hombres en quienes esos dioses habían depositado parte de su sacralidad y que, por ello, tenían el derecho a gobernar a los demás. 

Buscaban hacer patente la grandeza de los linajes ilustres para garantizar su permanencia en el poder.  Por eso los soberanos, tema principal de la escultura y la pintura de las ciudades del área central, se representan siempre acompañados de los dioses, cuyas imágenes portaban en los tocados y otros atavíos, así como en los objetos de poder, como los cetros, los bastones y las barras ceremoniales.

El fundamental sentido simbólico del arte maya combina con su significación histórica y política, como un valor estético. La libertad creadora plasmada en las obras, el goce estético del artista, la fantasía y los elementos novedosos eran cualidades y realces en la vida cotidiana maya.

Recientemente se ha descubierto que muchos artistas esculpieron o pintaron su nombre en sus obras, lo que nos habla ya de una conciencia del individuo creador, al lado del sentido colectivo del arte. 

El artista maya siempre estuvo a la búsqueda de nuevas formas; elemento estético que lo caracterizó e hizo que sus obras materiales no fueran catalogadas como meros documentos para conocer a las sociedades creadoras, sino como obras de arte con un valor intrínseco.

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