Muerte de Cuauhtemoc


El último huey tlatoani  azteca

Hizo cuanto estuvo en sus manos para vencer al enemigo, pues sabía que preparaba un nuevo embate. Reforzó sus ejércitos y trató de hacer alianzas con sus viejos enemigos bajo conocimiento de que los hombres al mando de Hernán Cortés tratarían de utilizarlos en su contra… Pero todo fue inútil, pues las tribus naturales decidieron seguir a los españoles.

Al pueblo Mexica o azteca, sin embargo, le quedaba aún mucho orgullo para luchar -como de hecho lo hizo- con la gran escuela militar que le caracterizaba y con gran valor, pese a su inferioridad numérica y lo rudimentario de sus armas. Además, los aztecas sabían que en Cuauhtémoc había un hombre con dignidad tal que preferiría la muerte antes que la vergüenza.

Sometido a torturas

El 13 de agosto de 1521, se rindió a Hernán Cortés en Tlatelolco, mientras escapaba de Tenochtitlan, cuando la canoa con la que intentaba huir por la laguna con su familia y algunos bienes fue alcanzada por un bergantín español pilotado por García Holguín. Cuauhtémoc exigió ser llevado ante Malinche (así llamaban a Cortés los mexicas, dándole el nombre de La Malinche, su intérprete, aunque quizá fue a la intérprete a la que llamaron como a él) y una vez en su presencia, señalando el puñal que el conquistador llevaba al cinto, le pidió que lo matara, pues no habiendo sido capaz de defender su ciudad y a sus vasallos, prefería morir a manos del invasor.

Cortés decide llevar a los dos hombres a su expedición por Higueras, pero el temor y los rumores de una supuesta conspiración lo llenaron de dudas y terminó por mandarlos a ahorcar, orden que fue consumada el 28 de febrero de 1525.  El declive del imperio azteca sería ya incontenible y con él caerían las otras tribus menores.

Valía más vivo que muerto

A Cortés no le interesaba en ese momento la muerte de Cuauhtémoc. Prefería utilizar ante los mexicas su dignidad de Tlatoani, ahora subsidiaria del emperador Carlos V y del propio Cortés. Así lo hizo con éxito, aprovechando la iniciativa y el poder de Cuauhtémoc para asegurar la colaboración de los mexicas en los trabajos de limpieza y restauración de la ciudad.

En los cuatro años que siguieron, la codicia de los españoles, su desconfianza en Cortés, y el miedo de éste, que le llevó repetidamente a tomar decisiones indignas, determinaron el tormento y la muerte del último emperador mexica. Primero fue el tormento, surgido de la codicia del oro: Bernal Díaz del Castillo, en su Historia Verdadera de la Conquista de la Nueva España narra detalladamente cómo cundió la desconfianza entre los españoles, al desmentir tercamente la realidad sus soñadas riquezas.

La codicia por el oro

El oro que habían imaginado no existía, y el abandonado tras la Noche Triste se había perdido, pero los hombres de Cortés no podían admitirlo, tras tantos meses de lucha y sufrimientos. Lo probable para ellos era que Cuauhtémoc, Tetlepanquetzal (el señor de Tlacopan), y posiblemente un tercer dirigente indio cuyo nombre se ha perdido hubieran ocultado el oro, y pudieran confesar dónde estaba el tesoro, si se les sometía a tortura. También sospechaban que Cortés se resistía al interrogatorio porque quería preservar el secreto del tesoro en beneficio propio.

De ahí que fueran los oficiales de la Real Hacienda, y sobre todo el tesorero Julián de Alderete, y no Cortés, que se limitó a consentirlo, los que ordenaran el tormento de Cuauhtémoc, Tetlepanquetzal, y posiblemente otro notable. Al parecer, fueron torturados mojándoles los pies con aceite y quemándoselos, pero subsisten incertidumbres sobre este y otros detalles: no sabemos en qué fecha ocurrió, ni si los torturados fueron dos o tres personas, ni el nombre de la tercera persona si es que fueron tres.

Torturado y cristianizado

El estoicismo mostrado por Cuauhtémoc en ese trance, y el ejemplo dado a sus compañeros de tortura al recriminarles sus quejas han pasado a la épica patriótica mexicana: ¿crees acaso que yo estoy en un baño o deleite? es la frase atribuida a Cuauhtémoc; un drama escrito en España en el siglo XIX popularizó la variante ¿crees que yo estoy en un lecho de rosas?.

Tras el episodio de la tortura, que no se sabe si dejó lisiado de por vida a Cuauhtémoc, como sostienen algunos, éste vuelve sorprendentemente a su papel de noble mexica respetado y bien tratado, pero cautivo, cuyo prestigio y autoridad utiliza Cortés para el gobierno de los vencidos.

Como todos los súbditos recién conquistados, fue convertido al cristianismo. Si seguimos a Héctor Pérez Martínez, su nombre católico habría sido el de Hernando de Alvarado Cuauhtémoc; otras fuentes citan sólo el de Hernando o Fernando. Los conversos recibían el nombre de los padrinos, y Pérez Martínez supone que los de Cuauhtémoc fueron el propio Hernán Cortés y Pedro de Alvarado.

Muerte por medio del "vil garrote"

En 1524, Cortés emprende viaje a las Hibueras (Honduras), en busca de uno de sus capitanes, Cristóbal de Olid. No es un viaje de rescate, sino de persecución: Cortés tiene constancia de que Cristóbal de Olid puede haberse confabulado con su viejo enemigo, el gobernador de Cuba, Diego Velázquez, para poblar, conquistar y sobre todo obtener oro u otras riquezas en el sur, ignorándolo a él. Sabe Cortés que Cristóbal de Olid lo traiciona, de la misma forma en que él traicionó seis años antes a Diego Velázquez.

Una vez más, el miedo hará que Cortés tome una decisión indigna, criticada por sus soldados según nos cuenta Díaz del Castillo. Tras un año de viaje, y en un momento crítico para la expedición le llegan rumores de que Cuauhtémoc está conspirando en contra de los españoles, decidido a atacarlos.

No se sabe si Cortés magnificó en su quinta carta de Relación el alcance de la conspiración, para justificar la ejecución una vez consumada. El hecho es que sintiéndose vulnerable, decidió mandar ahorcar a Cuauhtémoc y al cacique de Tacuba, Tetlepanquetzal, que volvieron a encontrarse ante el verdugo. Esto ocurrió el 28 de febrero de 1525, en un lugar del sur de Campeche llamado Xicalango.

Primer héroe mexicano

Cuauhtémoc es posiblemente el personaje más reconocido por los mexicanos como héroe nacional. En todos los rincones de México su nombre se usa en toponimia y onomástica, y su imaginada efigie aparece en monumentos, que hacen alusión a su coraje en la derrota, al pedir la muerte por el puñal de Cortés, o en el tormento, al reclamar estoicismo a sus compañeros de tortura. El 28 de febrero de cada año, la bandera mexicana ondea a media asta en todo el país, recordando la muerte del prócer.

El poeta mexicano Ramón López Velarde lo designa como el joven abuelo de México, y enfatiza en exceso al suponerlo único héroe a la altura del arte. Último tlatoani mexica, acaudilló la resistencia contra los españoles hasta la rendición de Tenochtitlan el 13 de agosto de 1521.

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